Era el último programa de la primera temporada de PaddockGP. Aquel noviembre de 2008 mi misión era esperarle en la puerta del Oceanográfic de Valencia y pedirle que grabara la gala de fin de temporada MotoGP con una minicámara. Tenía poco tiempo. Los fans se agolpaban en la puerta. Se bajó del coche, firmó varios autógrafos. Me acerqué a él y, mitad en español mitad en italiano, le pedí el favor. No me dijo ni sí, ni no. Cogió la cámara y me dijo sonriente: “¿dónde tengo que apretar? ¿Aquí?” Las imágenes de aquel acto no ganarán ningún premio periodístico, pero las grabó el campeón del mundo de 250. Gracias Marco.
El año siguiente le pedí a Paolo, su padre, si tenía imágenes de Marco pilotando de pequeño. Me dijo que sí. En el siguiente Gran Premio apareció con un DVD para mí. Le pedí si podíamos sentarnos un rato con Marco y ver las imágenes juntos. Paolo me citó a las 17h en el camión del equipo. Marco llegó una hora después. En esa hora Paolo nos ofreció merienda y nos estuvo hablando de su hijo, del esfuerzo que había hecho toda la familia para que Marco cumpliera su sueño de ser piloto. Y allí estábamos Germán, Cristina y yo, esperando. Paolo tuvo tiempo para confesarnos con detalles la oferta que había rechazado su hijo para subir a MotoGP. Recuerdo a Paolo riendo mientras nos repetía las palabras con las que había tratado de convencer a su hijo: ¡Piensa bien, Marco! ¡Piensa!
Cuando Marco llegó, se sentó con nosotros y nos comentó aquellas imágenes ante la pantalla del ordenador. Le pedí que repitiese las palabras que le obligaban a decir de pequeño antes de cada entrevista. Apellido, nombre, moto, equipo y valoración. No dudó. “Simoncelli Marco, Moto Gilera, Team Metis Gilera, he andato bene, ma poteva andare meglio”. Gracias, Marco.


Una vez editado el reportaje, (que podéis ver clickando aquí) le di una copia a Paolo. Cuando me volvió a ver por el paddock me felicitó.
-Un vídeo muy bonito, hacéis un gran programa.
Abusando de su confianza, le pedí a Paolo si algún día podríamos visitar su casa. Me dijo que sí, que vivían muy cerca del circuito de Misano y que podíamos ir durante el Gran Premio de San Marino. Días antes del Gran Premio de San Marino le llamé para quedar con él y grabar el reportaje que habíamos pactado meses atrás. Había cambiado de opinión. Ya no le apetecía hacerlo.
-Tú nos dijiste que podríamos ir a tu casa, le recordé
-Sí, lo sé, pero han pasado demasiadas cosas desde entonces, contestó.
Cierto. Habían pasado demasiadas cosas. Aquella acción con Bautista, aquellos silbidos en Montmeló, los aplausos después de la caída. Por aquel entonces Simoncelli y su familia sentían que desde España se les estaba tratando de forma injusta. Aún y así, antes de colgar me dijo:
-Ven a verme el jueves.
El jueves estuvimos rodando la casa de Marco Simoncelli en Coriano: su habitación, su garaje, sus primeras motos… No he estado en ninguna otra casa de un piloto de MotoGP.
Siempre atento con la prensa, aún cuando sabía que desde España se le había atacado. Siempre dispuesto a responder a una broma o a colaborar para un vídeo. En ocasiones inconsciente en la pista, pero de trato afable fuera de ella. Quien no tuvo la suerte de conocer a ese otro Marco, tiene una buena oportunidad leyendo la palabras que le dedicó hace unos meses el gran Alberto Gómez en Motocuatro:
Tiene una mirada huidiza cuando algún aficionado se lo echa a la cara entre camiones. Incluso uno se atrevería a anticipar que esa pelambrera es como un eclipse contra la timidez. De hecho, Marco Simoncelli apenas sonríe. Y, cuando lo hace, es casi la fuga de una sonrisa apresada. Pero saluda, siempre lo hace, de una manera exquisita, sincera. De físico desgarbado y andar destartalado, Marco es como un niño gigantón al que alguien hubiera soltado en medio de un mundo al que no pertenece. Se desenvuelve atropellado entre personas que quizás no entienden su forma de vivir. Marco es un poco como el niño de Truffaut, un pequeño salvaje en un universo extraño. Y el motociclismo está juzgando de forma inmisericorde tanta ingenuidad.
Este año la Gala de final de temporada de MotoGP volverá a celebrarse en el Oceanográfic de Valencia. Allí todos volveremos a acordarnos de ti. Yo no podré evitar recordar que allí un campeón del mundo aceptó convertirse por un día en cámara de PaddockGP.
Sólo puedo decirte: “Fernandez Rubén, equipo: PaddockGP, grazie Simoncelli Marco”.


Simplemente genial… ¡¡No diré nada más Rubén!!
Un enorme GRAZIE para Simoncelli, ha sido y será siempre uno de los grandes…
Se ha ido!!!! Muy buen post, artículo… Grande tú , grande su família y enorme SupErSic. Me acuerdo cuando decíamos por el Paddock q Simoncelli nos caía Super bien y muchos nos miraban raro.
Se ha ido agarrado a su moto, demostrándo el carácter q tenía.
Se ha ido uno de los grandes
CIAO SUPERSIC
Preciosas las palabras que se dicen aquí, en pista no me gustaba, pero fuera se veía una gran persona. No tuve la suerte de conocerlo pero si de verlo correr y de saber de él.
El reportaje deja claro cómo era Simoncelli y cómo lo recordaremos!
58
Gracias por los comments.
Muy duro Germán. Siempre que acabábamos un rodaje, tú decías lo mismo: “dirán lo que quieran, pero es un crack”. Pues eso, se ha ido un crack.
Hola Ruben!
Increible. me hizistes llorar. Unas palabras muy lindas.
Aun sigo sin creermelo.
Por cierto,sabes donde puedo encontrar la parte en la que Simoncelli graba la gala?
#Siempre58
Me ha encantado tu articulo, he visto el video de las minimotos y de verdad te digo que da gusto leer reportajes así. Gracias, a Marco seguro que le ha encantado. DEP